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Combatir el sobrepeso infantil

Decir que los niños tienen sobrepeso porque no se mueven es falso e injusto, y sin embargo es el mensaje que durante años están lanzando las autoridades político-sanitarias y la industria alimentaria. Lo que sucede es que no se mueven lo suficiente porque tienen sobrepeso. No es justo esperar que los niños soporten la poderosa atracción que ejercen los productos repletos de azúcar y grasas, publicitados por todos los medios por ávidos expertos, y que invaden literalmente el espacio público y privado. Por todo ello, en este libro describo las sutiles trampas psicológicas que la poderosa industria alimentaria emplea en su publicidad y cómo diseña las estrategias de muchos programas de prevención (con la interesada connivencia de las políticas sanitarias), del problema que ella misma ha contribuido a crear. Margaret Chan, directora de la OMS y Julio Basulto, un gran dietista , lo exponen claramente en el siguiente enlace.

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26 horas en Madrid con Munch, Revenga y Kandinsky

Según se mire, 26 horas en una ciudad que no es tu residencia habitual, puede ser considerado como un fugaz viaje; pero cuando esa ciudad se denomina Madrid, la cosa cambia, ya lo creo que cambia.

A las 12 del mediodía, un reciente sábado (24 de octubre), un eficaz, cómodo y placentero AVE cogido en Girona, nos dejó (viajo habitualmente con Micheline, artista y esposa) a media hora de camino del museo Thyssen, segundo jalón del maratón de acontecimientos en que se convirtió el fin de semana; el primero ya se había producido «in itínere» pues en la estación de Zaragoza, subió a nuestro vagón Juan Revenga. No hace falta deciros quién es si os interesa la nutrición, pues junto con Julio Basulto, son los dos dietistas-nutricionistas más destacados, mediáticos y divulgadores de toda España. ¿Fue una coincidencia espacio-temporal? Pues no, porque tanto Juan como un servidor estaban emplazados a un debate que la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) tenía previsto brindar, por su 40 aniversario, a las 4 de la tarde en directo a todo el cibernético mundo en «streaming» desde un edificio -con un nutritivo y sangriento pasado-  reconvertido en  un conjunto de dependencias en las que se organizan eventos culturales de toda índole: El Matadero.

                                  Fuente: www.madrid-destino.com

Es decir, antes de poner los pies en la capital del reino, Juan y yo estuvimos hablando relajadamente, pero  a 300 km/h,  de lo divino y de lo humano en la cafetería del mencionado tren. Mientras tomábamos un café y agua mineral,  vimos, como no podía ser de otra manera, y al unísono, una caja de cartón con dibujos coloridos de marcado carácter infantil autodenominada «pack diversión» (ver fotos más abajo) que se ofertaba para engordar  -más que entretener-  a la chiquillería que habitara o transitara  por los diferentes vagones (a 300 km/h también, claro); en el interior, unos diminutos lápices de color y unas pequeñas láminas en blanco y negro, cumplían la  misión de proporcionar una justificación a los potenciales compradores para inducirles a pensar que el artículo en cuestión estaba diseñado «sabiamente» y  con mucha «idea» para estimular la creatividad de sus retoños, aunque en realidad, el verdadero objetivo resida en aumentar las cuentas de las marcas que fabrican esos snacks, además de  hacer trabajar a lomo tendido a los islotes de Langerhans de los pobrecitos páncreas de los niños «premiados».

Así,  a ojo de buen cubero  (expresión que mi amigo Alfred López explica admirablemente en el libro  «El listo que todo lo sabe»), le calculamos sobre  500 kilocalorías (un disparate energético para cualquier niño pequeño) a base fundamentalmente de un altísimo, cariogénico y diabetógeno contenido de azúcar y grasas saturadas de origen industrial. Ni una fruta, ni unos frutos secos ni una cestita de tomates cherrys, ni un triste yogur…nada que figure en una lista de alimentos saludables. ¿Esa es la manera de luchar contra la epidemia de sobrepeso que asola nuestro país? Espera, que ahora viene el listo de turno y dirá:  «Por una vez tampoco pasa nada»…Pues sí que pasa porque en nuestro dulce empalagoso mundo, este pack con galletas, chocolatina y zumo envasado se ingiere con una frecuencia descomunal (aunque no a 300 km/h y con regalitos de señuelo).

Aunque me haya entretenido en la descripción del infecto «pack», la realidad es que no nos ocupó ni dos minutos  coger el cartón publicitario y solicitar a una amable pasajera que plasmara para el recuerdo un momento que deseo se repita con mucha frecuencia, porque ir a 300 km/h estando de pie (eso sí, con las piernas algo separadas para no desafiar las implacables leyes de la física terrestre) y hablando con un personaje de la talla de Juan Revenga, es algo que debe publicarse a los 4 vientos. Y ¿de qué hablan un pediatra loco por la nutrición y un dietista-nutricionista-biólogo durante hora y cuarto en un tren? Pues estuvimos hablando más de nuestras infancias que de calorías, más de nuestras motivaciones profesionales que de carbohidratos, más de nuestras ilusiones futuras que de la industria alimentaria, más de nuestros amigos comunes que de la inútil estrategia NAOS…en fin, hablamos de nosotros mismos y de nuestras familias, de lo que en definitiva mueve el mundo:  las emociones, el amor, el arte, la amistad, el cariño, la sinceridad, la integridad moral …aunque hay personas que piensan que lo único que lo mueve es el dinero; pero no están leyendo esta entrada…están ganando pasta.

Sin enterarnos de lo que duran realmente 75 minutos pusimos finalmente el pie en Madrid  para emprender caminos opuestos (aunque no por mucho tiempo): Micheline ( sí, mi pintora y esposa) y yo nos dirigimos  -Paseo del Prado arriba-  hacia el Museo Thyssen, mientras que Juan se dispuso a cumplir un plan distinto hasta las 4 de la tarde, hora en la que volveríamos a encontrarnos; esta vez bajo las cámaras y con pinganillos, acompañados de amables profesionales de la organización del evento OCUFEST.

En esta ocasión, el museo Thyssen abordaba una exposición temporal magnífica de Munch, pintor de origen noruego con una penosa vida que el mismo resume en esta frase:

«Enfermedad, locura y muerte fueron los ángeles que rondaron mi cuna»

Este acontecimiento queda maravillosamente reflejado en dos buenas crónicas periodísticas: pincha aquí y aquí. Una de las obras que más atrajo mi atención fue La niña enferma, pintada en 1886, en la cual observamos el abatimiento moral de una madre al lado de su hija, dentro de una equilibrada composición en la que destaca el tratamiento de la luz y la serenidad con la que afrenta la enfermedad la joven protagonista del cuadro.

Las 4 copias de su obra más famosa, El grito, no se han movido de sus respectivas sedes (tres en museos de Oslo y la cuarta en una casa particular), pero sí  podemos contemplar una litografía en blanco y negro de dicha obra para comprender por qué es considerada la cima del arte expresionista habiendo pasado a constituir un icono de la cultura moderna. Como expresa una de las crónicas que os he enlazado, se podría haber hecho un esfuerzo mayor para poder haber aportado una de las 4 copias y poder contemplar los intensos colores que refuerzan la angustia existencial de esta conocida obra, pero se ve que las cuentas de la Fundación Thyssen no están muy boyantes o la atribulada historia de robos del cuadro no animaba a los organizadores y propietarios a  hacer mudanzas o traslados.

Entre otras inquietantes obras, también me fijé especialmente en  La mujer vampiro (dos versiones distintas) y en la obra Dos seres humanos (también con dos versiones). En esta última obra, es patente la soledad que transmite la escena a pesar de la proximidad entre los dos miembros de la pareja; ambos, sin contacto físico ni visual alguno, miran a un inquietante  mar desde un hieratismo incómodo y atemporal.

Para mitigar la lógica desazón existencial que provoca la visión (y la prosa) de un artista atormentado por las obsesiones que todos padecemos en mayor o menor grado (la muerte, el dolor, el pánico, el amor…), buscamos un restaurante tranquilo, apacible y sereno. Como suele suceder cuando buscas algo con fe y denuedo, no tardamos en encontrarlo; la hora (12,45) y la ubicación (una calle secundaria) contribuyeron, sin duda, al feliz hallazgo. Para seguir obteniendo recompensas a nuestra elección, nos encontramos con una inmejorable relación precio/calidad, porque comer unas ensaladas variadas de primero, arroz negro (mi artista) y trucha a la navarra de segundo,  y postres y bebidas por 12 euros/persona, a menos de 20 minutos del museo Thyssen y con manteles y cubiertos de verdad, no es fácil. La ausencia de televisor y de clientes, la limpieza del local y un cálido suelo de tarima, propiciaron el marco ideal para calmar nuestro desasosegado espíritu.

Por la tarde, y a la hora convenida, tuvo lugar el debate sobre nutrición infantil : ¿Qué tal comen nuestros hijos? en el que además de Juan Revenga (no dejéis de visitar aquí su blog: El nutricionista de la General ) y un servidor, estuvieron Gemma Trigueros y Ana Sánchez, responsables de la sección Salud y Alimentación de la OCU,  y el cocinero Joaquín Felipe Peira. 

La charla transcurrió con ritmo, contenido y fluidez y se trataron diversos temas interrelacionados: el sobrepeso y obesidad  infantil, los menús escolares, la influencia de la publicidad de alimentos procesados en la génesis del problema, la necesidad de escoger buenos alimentos y las diferentes maneras de cocinarlos. En este enlace  podréis oir el debate completo (comienza en  4:41:32  y acaba en 5:37:30). Quiero matizar (hablaremos de Matisse otro día) que  cuando hablo de bajar peso en la infancia en mi intervención, me refiero a la etapa de niño ya mayorcito desde (aproximadamente) los 10 años en adelante, si hay un sobrepeso importante, ya que en etapas más tempranas, con mantener el peso durante un tiempo puede ser suficiente en la mayoría de los casos para mejorar un IMC inicialmente elevado. Por la noche, una divertida obra de teatro y una cena con viejos amigos de la facultad (Manuel Chamorro, cirujano maxilo-facial y Carlos Chamorro, coordinador regional de trasplantes de la comunidad autónoma de Madrid ) cerraron el día.

La mañana del domingo 25 amaneció limpia y despejada por lo que nos dispusimos a ser los primeros en guardar cola para ver otra exposición. Esta vez, el escenario era el Palacio de Cibeles, antigua sede de la central de Correos, y el pintor, Kandinsky. A las 10 abrían taquillas y a menos cuarto éramos los terceros de la cola que en los minutos posteriores aumentaría hasta alcanzar centenares de metros.

Puedo afirmar -sin temor a exagerar- que es una de las exposiciones mejor comisariada, montada y organizada que he visto en mi vida. En la primera imagen vemos la espectacular entrada con una foto gigante del pintor con una sucinta biografía; era el preludio que anunciaba una maravillosa exposición en la que se ha cuidado el  mínimo detalle: desde la iluminación hasta el color de los fondos de las paredes, desde la traducción de los títulos de las obras hasta la milimétrica colocación de los óleos; desde la extensión de los contenidos de la audioguía (con una especial dedicación a los contenidos para niños) hasta los bancos para descansar sin dejar de observar el arte del pintor; desde audiovisuales de adecuada duración y calidad hasta la distribución de las obras por etapas en las diferentes salas. Más de 100 personas y 3 grandes sociedades (Centro Pompidou, Arthemisia y el Ayuntamiento de Madrid) conformaban los créditos de un gran panel (foto inferior) que daba la despedida al final de la muestra. La comisaria de la muestra es Angela Lampe, directora del Museo de Arte Moderno Pompidou.

foto de @martaortizarias

El próximo año se cumplirán 150 de su nacimiento en Moscú (1866-1944) y se le considera pionero del arte abstracto y uno de los pintores vanguardistas más destacados de todos los tiempos; la muestra recorre su trayectoria artística y espiritual a través de 100 piezas entre pinturas, dibujos y grabados, además de fotografías documentales que transitan por las etapas clave de su vida: Múnich, Rusia, Weimar (Bauhaus) y París. 

Vassily Kandinsky interrumpió sus estudios de derecho y economía a la edad de 30 años (gozaba de una posición acomodada) para irse a Múnich a pintar empujado literalmente por dos hechos capitales que le causaron una honda conmoción: la contemplación de Los Almiares de Claude Monet (una serie de óleos que reproducen pajares a distintas horas del día) y la asistencia a la representación de la ópera Lohengrin de Wagner en el teatro Bolshói, donde le es revelado el poder de un arte tan abstracto como es la música, capaz de generar e interiorizar imágenes de vivos colores en su sensible cerebro. Como
Schonberg fue un gran amigo y admirador de Kandisnky os pongo un enlace
musical para que lo vayáis escuchando mientras recorréis estas líneas: 

                     

En la imagen inferior vemos una obra de su primera etapa: Una escena rusa (1906) con un estilo aún figurativo pero claramente naturalista y neoimpresionista.

En la primera sala también encontramos una bella colección de xilografías de las que destaco esta titulada: Mujeres en el bosque (1911) con una acertado encuadre en el que una figura femenina ataviada con un bello traje danza al son de una música que sale de una especie de trompeta o flauta. 
                
En plena madurez adoptará un nuevo estilo en el que predomina el 
color y las formas limpias y geométricas, como podemos apreciar
en esta obra que denominó Composición VIII (1923):
Y en esta otra: Capricho (1930)
En una de sus obras más famosas, Amarillo-rojo-azul (1925),  traslada, feliz y exultante, la constatación de una hipótesis cromático-geométrica que corroboró con un experimento realizado con unos alumnos: el color amarillo queda asociado a los triángulos, el rojo a las formas cuadradas y el azul a los círculos. De izquierda a derecha, podemos visualizar este concepto en la obra de mayor tamaño (128 x 200 cm) de esta magna exposición, y que ocupa la sala más grande y concurrida (primera foto del post). Quizás alguien pueda ver en el lado izquierdo la típica y esquemática cara que todos hemos dibujado de niños diciendo a nuestro compañero de pupitre:  con un «6» y un «4» dibujo la cara de tu retrato.

Podría ir poniendo aquí todas las obras que contemplamos aquel día pero no es el objetivo de esta entrada, aunque me gustaría acabar con dos obras más: una deliciosa composición que determina, tras el cierre de la Bauhaus por los nazis, el cambio de vida que representó su última etapa en París, ciudad en la que pinta con más serenidad y adopta formas biomórficas y ectoplásmicas abandonando la rigidez de la etapa anterior. En esta obra, Cielo azul ( l940), la sombra de Joan Miró es alargada pues ambos pintores se admiraban mutuamente.
    
                                                     

Por último, os presento otra obra realizada en 1937 y ejecutada durante esta etapa parisina. En sus etapas anteriores, Kandisnky había dibujado dameros en muchas de sus obras; aunque aun le quedan 7 años de vida, se nota ya cansado y  retoma el tema pero dándole mayor contenido al incluir en cada espacio o celda, formas curvas, amebas, colmillos, serpientes, mariposas, flechas, círculos, cuadrículas, rejillas, etc., en una especie de magno resumen de su legado formal en 30 espacios. Su título no deja dudas: Treinta

Con el alma henchida de gozo y la sensación de haber asistido a un acontecimiento histórico, el parque del Retiro era el sitio ideal para seguir soñando con colores y formas, con barcas y soles, con reflejos y líneas. Aún quedaba una hora, antes de coger el AVE que nos devolvería a Girona, pero la aprovechamos bien pues entre el parque y la estación de Atocha encontramos una acera repleta de casetas de libreros de «usado» que nos ayudó a cerrar el programa con la adquisición de 7 libros entre los que, lógicamente, se colaron uno de Kandinsky y otro de Munch. ¿Comimos a la hora habitual? Pues no, ya que ni a Micheline ni a mí se nos ocurrió perder el escaso tiempo que ofrece una mañana dominical tan repleta de nutrición estética y cultural en algo tan «trivial» y aplazable unas horas. Un desayuno «festivo» y pantomakero (clica y verás…)

…. en un VIPS a las 9, mientras hacíamos tiempo para ir al Palacio Cibeles como ya he comentado más arriba, fue suficiente para no sentir hambre hasta las 4 o las 5 de la tarde, momento en el que unas sencillas y jugosas mandarinas y dos plátanos, ya a 300 km/h, cumplieron eficaz y saludablemente su misión, pues el bar del tren ya había demostrado en el viaje de ida la nula munición frutiverdúrica que ofrecía.
Y así pasaron 26 horas entretenidas en Madrid. No os perdáis ninguna de estas dos exposiciones.
PD: este increíble fin de semana no hubiera sido posible sin el afecto que me entregó Juan Revenga y la propuesta que Julio Basulto (pinchar aquí) hizo a la OCU para que participara en este debate. Gracias, amigo, te debo una ( ¿y van cuántas?) 

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