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Combatir el sobrepeso infantil

Decir que los niños tienen sobrepeso porque no se mueven es falso e injusto, y sin embargo es el mensaje que durante años están lanzando las autoridades político-sanitarias y la industria alimentaria. Lo que sucede es que no se mueven lo suficiente porque tienen sobrepeso. No es justo esperar que los niños soporten la poderosa atracción que ejercen los productos repletos de azúcar y grasas, publicitados por todos los medios por ávidos expertos, y que invaden literalmente el espacio público y privado. Por todo ello, en este libro describo las sutiles trampas psicológicas que la poderosa industria alimentaria emplea en su publicidad y cómo diseña las estrategias de muchos programas de prevención (con la interesada connivencia de las políticas sanitarias), del problema que ella misma ha contribuido a crear. Margaret Chan, directora de la OMS y Julio Basulto, un gran dietista , lo exponen claramente en el siguiente enlace.

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Los «Japi-mil» de mi barrio o por qué mezclar juguetes y comida basura no es buena idea

Con algo de retraso sobre la fecha prevista, retomo el blog con una entrada necesaria que, creo, puede dar más luz a las causas, múltiples y complejas, de la epidemia actual de sobrepeso en la infancia.

Los profesionales llevamos años acusando -sin miramientos y con razón- a las multinacionales de la alimentación que regalan juguetes, cromos, pegatinas, tazos, enlaces a juegos en internet, películas en dvd, muñequitos, etc., con la compra o ingesta de los productos que venden.

Sí, efectivamente, todo el mundo conoce los huevos Kinder tm, el «Happy Meal tm» de Mac Donalds tm,  el «DiverKing tm» de Burguer King tm, los muñequitos de Phoskitos tm, etc., pues llevan decenas de años con nosotros…

Pero llevo tiempo pensando ( y viendo) que tienen más peso en la génesis y mantenimiento de las cifras de sobrepeso infantil, las tiendas de barrio, los kioskos de periódicos reconvertidos en palacios de bollería y chucherías, bazares de todo a 1 euro, papelerías-jugueterías, etc., que mezclan sin pudor cuadernos, lápices, bolígrafos, juguetes, muñequitos de plástico, muñecas de todos los tamaños y colores, peluches y cualquier cosa que pueda ser atractiva para los niños, con grandes expositores de bolsas de patatas fritas, conos, ganchitos, triangulitos, bastones (o cualquier forma geométrica que exista en el espacio euclídeo), galletas Oreo tm,, Príncipe tm,  huevos de chocolate, bebidas azucaradas (incluidas los terroríficos Red Bull tm, Monster tm, Burn tm ),  bollería envasada…además de los clásicos chuches que se han quedado calóricamente hablando como los hermanos pobres del kiosko, al lado de palmeras de chocolate de 550 calorías o paquetes de 6 galletas con 300 calorías. No me sirve el argumento de que si no lo vendo yo, el niño se lo acaba comprando igualmente en la panadería de al lado.

¿Cual es el problema? El problema es que todos  acusamos a las cadenas rápidas por regalar juguetes con la adquisición de los conocidos «kits», pero tal vez, nuestros niños y adolescentes vayan una vez al mes o máximo dos. Sin embargo, el acceso a la tiendecita de barrio que está a 3 portales de nuestra casa, es prácticamente diario y con un euro los niños pueden comprar cualquier producto lleno de económicas calorías pero vacío de nutrientes, pues todo es azúcar y grasas saturadas, en el caso de las galletas; o todo es sal, glutamato  y fritanga en el caso de las bolsitas de aperitivos.

Como no me gusta acusar sin pruebas, pongo imágenes que no dejan lugar a dudas; estoy hablando de establecimientos que podemos encontrar en la calle más normal del barrio periférico más normal de la ciudad o pueblo más normal de nuestra normal hispánica geografía.

Comentemos en un momento  tres fotografías:

Primera imagen: fíjese en las pegatinas de las bebidas «energéticas» en los laterales, fíjese en la parte alta, en las pegatinas de los snacks más conocidos por nuestra infancia y juventud (Oreotm, Chips Ahoytm, Mikadotm…), fíjese por último, en la cantidad de peluches y juguetes que atraen a los más peques de la familia, para que una vez dentro, la compra de chips, bollería, chuchería o de bebida azucarada, esté prácticamente asegurada. Es probable, y esto sí que es una hipótesis sin demostrar, que al final, el niño acabe comprando solo la económica ¿comida? y el peluche, muñeco o cualquier otro gadget relacionado con la última peli de Disney, se quede en el estante porque su precio es claramente superior al de los productos de ¿alimentación? que se venden en el establecimiento. Por cierto ¿ es casualidad que la marca más famosa de bebidas azucaradas patrocine el letrero ? ¿Es probable que haya habido un acuerdo entre la marca y el propietario:  yo te lo pago y te lo instalo gratis y tú vendes mis productos y mi logo reluce como el diente de oro de Pedro Navaja a lo largo de «toa» la avenida como decía la canción?  Poderoso caballero es Don Dinero.

Segunda fotografía: tienda de ¿alimentación? también en un barrio periférico que vende muñecos de personajes conocidos por los niños, que se exponen al lado de bebidas azucaradas de tamaño importante, helados y caramelos.

Tercera y  última aquí abajo:  humilde pero potente kiosko reconvertido, como he dicho más arriba, en palacio de la bollería empaquetada barata e hipercalórica , además de hipermercado en miniatura de bolsas de sonrientes aperitivos y chuches mil. ¿Cuántos padres entran a por el períódico un sábado o un festivo cualquiera a comprar el periódico con sus hijos y salen con la prensa y con chuches, el paquete de oreos o de príncipes o un minipaquete de chips sabor kétchup o con varios de estos productos? Para acabarlo de «arreglar», la bollería, aperitivos embolsados, galletas y chuches están tocando la máquina dispensadora de tabaco…para que los niños vayan acostumbrándose a ver como normal su existencia ligada a la diversión de comer productos sabrosos azucarados o muy salados.

Tengo la sensación, además, que las largas tardes de sábados y domingos de muchos niños de familias con pocos recursos tienen como únicos momentos de dulce (o salada) y efímera felicidad, la ingestión de todo este tipo de productos ( no disponen de apartamento en la playa o en la montaña para el finde, no hay dinero para pagar la ficha anual de 300 euros para apuntar al niño a un buen club de tenis o de fútbol que lo entretenga saludablemente con entrenos entre semana y partidos el domingo por poblaciones cercanas, no hay dinero para un coche fiable para conocer parajes cercanos…). Lo que tampoco hay  es verguenza por permitir que la obesidad y el sobrepeso infantil se esté cebando en los más desfavorecidos, gracias a políticas que permiten el fácil acceso a la comida basura y no estimulan la adquisición económica de buenas frutas y verduras, y la posibilidad de realizar deporte sin tener que destrozar los ajustados balances económicos de muchas familias que van muy justas.

Quiero acabar esta entrada, con un mensaje claro a todos los padres: si dáis un euro con frecuencia  a vuestros hijos para que se compren «lo que quieran»,  pensar que este euro les está dañando su salud. Esos euros sueltos al cabo de un mes o dos, quizás podrían invertirse en una actividad deportiva extraescolar (mientras sigan siendo caras) o en juguetes didácticos o pedagógicos.

Hoy, pues, toca decir que no toda la culpa de las cifras de sobrepeso infantil es atribuible a Mac Donaldstm, a Burguer Kingtm, a Ferrerotm (Nutellatm),  o a Telepizzatm. Nuestro kioskero,  nuestro amigo de la tienda de al lado, o nuestra papelería-juguetería de confianza …son también -no lo dude- parte del gran problema que tenemos en nuestras manos. 

Por cierto, las imágenes corresponden a distintos puntos de nuestra geografía, separados más de 700 km y el vídeo es una versión con añitos ya del inolvidable tema: Pedro Navaja

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