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Combatir el sobrepeso infantil

Decir que los niños tienen sobrepeso porque no se mueven es falso e injusto, y sin embargo es el mensaje que durante años están lanzando las autoridades político-sanitarias y la industria alimentaria. Lo que sucede es que no se mueven lo suficiente porque tienen sobrepeso. No es justo esperar que los niños soporten la poderosa atracción que ejercen los productos repletos de azúcar y grasas, publicitados por todos los medios por ávidos expertos, y que invaden literalmente el espacio público y privado. Por todo ello, en este libro describo las sutiles trampas psicológicas que la poderosa industria alimentaria emplea en su publicidad y cómo diseña las estrategias de muchos programas de prevención (con la interesada connivencia de las políticas sanitarias), del problema que ella misma ha contribuido a crear. Margaret Chan, directora de la OMS y Julio Basulto, un gran dietista , lo exponen claramente en el siguiente enlace.

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Pediatra expulsado de una tienda por informar a una niña del riesgo de consumir bebidas excitantes

Foto: Javi Aguilar < http://www.javiaguilar.com/>

Aunque el título de la entrada del post que escribo hoy tiene un cariz eminentemente periodístico, debe de quedar claro que ese pediatra es un servidor, profesional preocupado, muy preocupado por las alarmantes cifras de consumo de bebidas excitantes (dejemos de llamarlas bebidas energéticas) que tienen lugar en la infancia.

Los hechos que me han empujado a escribir sobre el tema, tanto en Eroski Consumer como en este blog, son verídicos y se produjeron en una pequeña tienda de Sant Feliu de Guíxols, tienda en la que principalmente se venden chucherías y golosinas. Mi mujer y yo, en una apacible tarde veraniega, nos apeteció dar un paseo por el centro de la población y entramos a un conocido y céntrico comercio en el que se venden chucherías, golosinas y bebidas, pues muy de vez en cuando, y como seres humanos normales y corrientes, también consumimos alguna cosa insana. 

Mientras mi mujer compraba unas “nubes” (le recuerdan alguna esporádica tarde de su infancia en Bélgica) me di cuenta de que una niña de unos 11-12 años abría una nevera en la que se ofertan todo tipo de bebidas industriales, incluidas las bebidas excitantes (mal llamadas energéticas) y escogía una lata de 500 ml de una conocida marca de este tipo de bebidas.

Le pregunté si conocía los ingredientes de la bebida que había elegido; al responderme que no tenía ni idea de lo que llevaba, y como pediatra concienciado de los problemas que acarrea su consumo en niños, me sentí obligado a informarle con profesionalidad, serenidad y  y con la autoridad moral y técnica que me da mi profesión, de los riesgos que conlleva el consumo de cafeína en altas dosis, además de otros numerosos ingredientes, cuyo efecto a largo plazo desconocemos, al ir en dosis elevadas y mezclados entre sí.

En ese momento, el vendedor que había presenciado mi conversación y conocía mi profesión, se dirigió a mí de manera correcta y me dijo que como tenía reservado el derecho de admisión, que hiciera el favor de salir del comercio. Le respondí, también correctamente, que como pediatra, estaba informando a aquella niña del peligro que encierra el consumo de bebidas excitantes, además de explicarle que en el futuro esperaba que estuviera prohibida su venta y acceso libre a menores de 18 años, como sucede en algunos países. Acto seguido, le dije a mi mujer que no hacía falta que acabara de comprar las chucherías que estaba escogiendo, y ambos salimos al exterior del comercio. Como volví a encontrarme con la niña, que estaba sentada en una especie de cubo enfrente de la tienda, bebiendo ya la bebida adquirida, acabé de explicarle que además de producir insomnio, ansiedad, intranquilidad y otros trastornos nerviosos, la ingesta de bebidas excitantes tiene riesgos asociados más importantes a nivel cardíaco, hepático y metabólico. Recibió con tranquilidad toda la información sin poner en ningún momento mala cara, explicando que era la primera vez que la consumía, y que se lo pensaría mucho la próxima vez. 

Toda esta pequeña historia es importante porque refleja la desidia de una administración que deja al alcance de niños el acceso a este tipo de bebidas tan peligrosas. No solo se venden en tiendas pequeñas, claro está, en la que solo el criterio del vendedor puede velar por la salud de los niños, explicando, sin tener en cuenta que sus ingresos serían menores, que ese tipo de productos no son adecuados para ellos, sino que se ofertan de manera masiva en supermercados, kioskos, bares, gasolineras, etc. y la publicidad que las arropa y exhibe sin ningún pudor, es terriblemente eficaz, económicamente poderosa y falta de toda ética, pues consigue asociar eventos deportivos y musicales con una imagen juvenil, actual y creadora de tendencias o modas (es visible incluso en camisetas). Muchos niños y adolescentes, en este entorno calculado publicitario,  se sienten “machotes”  al consumir bebidas excitantes.

En esta imagen, subida por un joven a la red, se puede observar el orgullo con que muestra a todo el ciberespacio, su colección de bebidas excitantes. A pesar de que la subió pudiendo identificarse perfectamente su rostro, he preferido ocultarlo por si un día se arrepiente de esta imagen, pues son edades difíciles en las que pueden cometerse muchas tonterías. 

 

No todos los comerciantes actúan de la misma manera, desde luego, pues sé de buena tinta que muchos establecimientos no las tienen o si las tienen, informan a los niños que no son aconsejables para ellos.

Muchos pensaréis que los padres deberían de tener más control sobre lo que compran o dejan de comprar sus hijos, pero hay muchas familias que desconocen la composición real o minusvaloran (por falta de información) los riesgos, alegando que si se venden y tienen registro de sanidad, no pueden ser tan malas. 

Lo triste es que tengamos que trabajar a contracorriente y con políticas de hechos consumados. ¿Por qué antes de que se comercializaran no hubo un férreo control sobre la manera de etiquetar, advirtiendo claramente de los riesgos de su consumo (sobre todo en niños, mujeres embarazadas o en período de lactancia,  y personas con cardiopatías), consumo que aún es más peligroso cuando se mezcla con alcohol, como nos explica Julio Basulto en este imprescindible artículo suyo.  ¿Por qué no se regula su venta y accesibilidad a menores como sucede con las bebidas alcohólicas, y como sucede en otros países? Está claro: el poder de los fabricantes es tan inmenso que imponen a los políticos sus decisiones a la hora de comercializar los productos, de tal manera que la única premisa válida es el criterio económico: las ventas siguen en aumento cada año, sin que les importe lo más mínimo la salud de millones de niños, adolescentes y jóvenes. Aunque salen en varios artículos citados en este post, no me resisto a dar también aquí, cifras increíbles:  El 26% de los niños españoles de entre 6 y 10 años son consumidores de bebidas excitantes frente al 31% de los adultos, según un estudio de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA); un 18% de niños entre 3 y 10 años son consumidores y el 16% de ellos bebe en torno a 4 litros al mes; es decir, 16 latas de 250ml cada mes, esto es, más de una cada dos días.  Y un 68 % de entre 10 y 18 años las consumen de manera habitual. Es más, resulta que este último grupo de edad es el que más consume estas bebidas, superando con creces (más del doble) al grupo de adultos, en el que la cifra estaría sobre un 30 %.

Os pongo un listado de varios artículos, charlas y entrevistas de buenos expertos para que tengáis una amplia visión de todos los problemas que arrastra el consumo de bebidas excitantes:

 

  1. http://juliobasulto.com/cafeina-azucar-burn-50-cl-bebida-energetica/
  2. http://juliobasulto.com/inesperado-incendio-llamado-bebidas-energeticas-articulo-pais/
  3. http://juliobasulto.com/bebidas-energeticas-entrevista-radio-4g/
  4. http://juliobasulto.com/bebidas-energeticas-gentesana-gentedespierta-rne-29-abril-2016/
  5. http://juliobasulto.com/red-bull-con-alcohol-y-jamacucos/
  6. http://cadenaser.com/programa/2015/01/09/ser_consumidor/1420799603_237793.html
  7. http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/aprender_a_comer_bien/infancia_y_adolescencia/2013/06/12/216969.php
  8. https://www.seguridadalimentariaconbeatriz.com/bebidas-energeticas/
  9. https://scientiablog.com/2014/03/27/un-misil-contra-la-adolescencia/
  10. http://www.rtve.es/alacarta/audios/gente-despierta/bebidas-energeticas-jbasulto-ccasabona-gente-sana/4249480/

En este décimo y último enlace, podéis oír la reciente entrevista que me concedieron en el programa Gente Despierta,Gente Sana, con Julio Basulto y Carles Mesa en RNE. Con el hagstag #StopBebidasExcitantesEnNiños queremos que todos podáis participar en redes para difundir buena información y las familias tengan herramientas con las que poder combatir el problema. El paso siguiente consistiría en presionar a la Administración para que regule de una vez el libre acceso a estos productos tan nocivos para nuestra infancia.

 

 

 

 

 

Comentarios:

  • Francisco
    octubre 6, 2017en10:05 pm

    Bien hecho.

    Un saludo

  • Alberto
    octubre 7, 2017en2:34 am

    El vendedor parece que no tiene claro lo que es el derecho de admisión. No es “admito a quién m da la gana cuando me da la gana”, los motivos que pueden denegar la admisión han de estar bien visibles en la entrada del establecimiento, y están sujetos a control administrativo.

  • Delfin García
    octubre 8, 2017en6:36 pm

    Solo comentarte que el derecho de admisión tal y como lo planteas no existe, es una invención.

    El único derecho de admisión que existe, sería un “código de conducta” que debería estar expuesto en el exterior del local

    http://www.movimientocontralaintolerancia.com/html/denuncias2BL/violenciaUrbana/derechoAdmision.htm

    Y que el único caso en el que te puede echar del local de esa manera, es que reciba alguna queja de otro cliente.

  • Javier Santos
    octubre 9, 2017en8:28 am

    Muy bien por tu parte, Carlos. Yo no soy del ramo, pero creo que cualquiera debería actuar así en este tipo de cosas. Pero sinceramente, no sé si lo haría caso de que se me diera la situación…
    Lo peor de todo, es que, en cierto modo, entiendo la postura del vendedor. Me explico. ¿Qué parte de su sueldo depende de que se vendan esas bebidas? ¿Va a ser él la persona que resuelva este problema? Porque está claro, que si no la vende esa tienda… pues la tendrán a 15 metros en otra tienda.
    La realidad es que no podemos esperar que la solución a este tipo de cosas (comidas insanas de forma general), provenga de las tiendas, que en general suelen ser comercios pequeñitos cuyos trabajadores echan más horas que un reloj para sacarse el sustento. La solución pasa por otro lado.
    Es más, si entrar en una farmacia da escalofríos del tipo de cosas que se venden… ¿qué podemos exigirle a una tienda de chuches?
    En fin, una lucha que va a ser larga, muy, muy larga. Gracias a divulgadores como tú, Basulto, y otros compañeros, somos muchos los que vamos aprendiendo.
    ¡Ánimo para seguir enseñándonos!

  • Carlos Casabona
    Carlos Casabona
    octubre 9, 2017en4:30 pm

    Gracias, Javier por pasar por aquí de nuevo, me alegra volver a saber de ti. La lucha es dura pues el enemigo es muy fuerte, pero precisamente es en estos miles de pequeños comercios distribuidos por cada barrio de cada ciudad, donde el contacto con el cliente es cercano y amigable, por lo que están en la mejor posición para informar de los productos que venden y a quién van dirigidos. Además, la administración debería de regular, de una vez por todas en este país, el acceso a menores de todo este grupo de bebidas con altas dosis de caféina entre otros compuestos, no costando nada equipararlas al grupo de bebidas con alcohol, obligando a no venderse a menores de 18 años; o por lo menos dificultar mucho más que ahora su acceso. Saludos.

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